No hay ni pasado, ni presente, ni futuro

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Colectivo Mentes Inquietas

Por Colectivo Mentes Inquietas.

¿Qué es el tiempo? ¿Cómo nos atraviesa? ¿Cómo caminamos por él? Nacer, crecer, reproducirse y morir. La vida parece no ser otra cosa que una sucesión lineal de acontecimientos (colegio, universidad, trabajo, hijos…) que tienen lugar de forma ordenada. En esta línea del tiempo, solemos llamar presente a lo que acaece en el momento actual: el ahora mismo, el momento que nos atraviesa. Solemos llamar pasado a ese tiempo muerto que precedió al instante actual, todos esos hechos que ya sucedieron y que no se recuperan. Por último, el futuro no sería más que el porvenir que no está dado; no sería más que el conjunto de proyecciones que hacemos de nosotros en ese tiempo lejano que todavía no existe.

Desde esta visión del tiempo como una línea dividida en presente, pasado y futuro, se han ido construyendo todas esas máximas y frases pueriles que llenan hoy nuestras tazas del desayuno: ¡Vive el presente!, ¡Pasado pisado!, etc. La lógica que hay detrás se puede resumir en lo siguiente: si solo el presente existe (porque el pasado ya fue y el futuro es incierto), ¿por qué preocuparnos de lo que no es, o bien porque ya pasó (pasado) o bien porque todavía no ha llegado (futuro)? ¿Por qué no centrarnos en lo único que existe (el presente) y así gozar en un pleno carpe diem?

Ahora bien, y para ser honestos, llevar esta visión del tiempo de forma radical a la vida práctica no es algo fácil. Nietzsche nos plantea este dilema desde una perspectiva moral. Ante la duda del qué hacer, la respuesta es fácil: haz lo que sea para que, si este momento se repite eternamente, puedas vivirlo sin temor. Desde esta perspectiva nietzscheana, el famoso carpe diem ya no es algo tan fácil. Está claro que todos gozamos descansando un rato en el sofá, pero ¿soportarías que ese momento se repitiera eternamente? ¿Cómo vivir entonces un presente digno de un eterno retorno? Como vemos, la mayoría de las veces, las cosas son más complejas de lo que parecen.

Sin embargo, también ha habido críticas y opositores a esta concepción lineal del tiempo basada en el pasado, el presente y el futuro. Uno de los errores de toda nuestra tradición occidental ha sido, dice el premio nobel francés Henri Bergson, espacializar el tiempo, es decir, pensar el tiempo con términos espaciales (con un aquí, ahí y allá); en otras palabras, separarlos en puntos que conforman una línea: el pasado (ahí), el presente (aquí) y el futuro (allá). Para este filósofo, el presente es indisoluble del pasado. Por ejemplo, cuando vas a visitar a un amigo a su casa, ¿no te sabes ya el camino porque ya has ido más veces? ¿Se te presenta el camino como algo radicalmente nuevo o embebido de recuerdos (por ahí se tarda más, por aquí se acorta, etc.)? Es obvio que el pasado no es un punto lejano de nuestro momento actual; por el contrario, nuestro momento actual está repleto de pasado, lo que nos permite movernos por el mundo sin que todo nos parezca nuevo. Lo mismo ocurre, dice Bergson, con el futuro. El futuro, para este autor francés, no es un espacio de incertidumbre que todavía no existe, sino que se encuentra igualmente embebido en nuestro presente. ¿Cómo? En forma de proyecciones, esperanzas, proyectos, etc. ¿Por qué estamos esperando este autobús? Porque nos lleva a la casa de nuestro amigo y hemos quedado (futuro) para ver una película juntos. ¿No está todo el presente condicionado hasta más no poder de planes y trayectorias futuras que proyectamos? Como ves, separar el presente del pasado y del futuro como puntos distintos de una larga línea temporal tiene sus peros. 

Así es como el tiempo, según Bergson, es duración (durée) más que momentos aislados, ya que la existencia es duración continua y no instantes separados en un tiempo concebido como espacio. Esto significa que nuestra conciencia completa el presente vacío de la materia  con recuerdos a los que accede a través de la memoria y anticipaciones cargadas de proyectos, esperanzas y sueños que sucederán o no en un tiempo futuro, que solo existe en nuestra mente como proyección. Así que el tiempo no solo existe como percepción sensorial, sino evocándolo a través de los recuerdos, o anticipándonos y previendo acontecimientos que pueden suceder o no y que forman parte de nuestra conciencia. Y es aquí donde Bergson utiliza el concepto “impulso vital” (élan vital) para expresar nuestra esencia, que es crecimiento, expansión, dinamismo y cambio. Es esto lo que manifiesta el “proyectarse” más allá del tiempo presente, aunque forme parte de este. La vida no para de crecer porque es posibilidad en sí misma, y contiene todo un potencial creador que expresa ese impulso vital que nos constituye y que hace que llenemos el tiempo objetivo vacío del presente de recuerdos pasados y esperanzas futuras.

Y a ti, ¿cómo te atraviesa el tiempo? ¿Cuál de las dos formas de entender el tiempo te parece la más acertada? ¿Cuál se acerca más a tu vivencia cotidiana? Te animamos a que no dejes de pensar en un tema tan interesante como es el tiempo en un año que, hoy más que nunca, parece estar privado de toda esperanza futura.

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