​¿Es guapo, bello o bonito? Una reflexión sobre la belleza

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Colectivo Mentes Inquietas

Por Colectivo Mentes Inquietas.

La enorme cantidad de sinónimos que nos brinda el español puede ser un buen punto de arranque para una reflexión inicial sobre la belleza. De alguna manera, las tres palabras más usadas -guapo, bonito y bello-, y que sirven de título a esta reflexión, alumbran diferentes formas o partes de un todo: la belleza.

Pero, ¿por qué reflexionar sobre la belleza? La belleza es parte ineludible de nuestra dimensión de ser humanos porque vivimos siempre atravesados por ella, ¿o acaso hay alguien que no ve los objetos y las personas como bellos o no bellos? Hagamos una breve reflexión para profundizar en este tema.

Empecemos con la ​guapura​. Parece que una persona guapa es aquella que encaja en los cánones de belleza, que encaja en los patrones culturales de lo bello en tanto físicamente atractivo (alto, con barba, delgada y buen cuerpo) y, por tanto, altamente deseable. La persona que es guapa (¿tienes a una en mente? ¿Brad Pitt? ¿Scarlett Johansson?) reproduce unas expectativas e ideas asumidas sobre la belleza humana fuertemente difundidas en nuestra cultura (ahora audiovisual y de masas): viste como en tal serie o como el personaje de esa película, lleva esas gafas, esos pantalones o esos piercings que tan bien le quedan.

La guapura es un concepto nada desligado de lo político en tanto que es el reflejo de una ideología, de la pertenencia a una sociedad cultural concreta que manifiesta también sus propios arquetipos eróticos. En otras palabras, las personas guapas lo son dentro de una cultura y porque reproducen lo que esa cultura considera atractivo -rubia con ojos claritos, labios carnosos, pestañas largas y muchas curvas (por ejemplo)-En nuestras complejas sociedades sería más indicado decir sub-culturas porque hay un modelo de guapo para la subcultura de lo hippie, de los pijos, de los rockeros etc… .

Ilustración de Virginia Brun

Pero es, además, un término político en tanto que el mercado busca (y de hecho lo hace) servirse de esta estructura bello-erótica para monetizar y colonizar ciertos estándares de belleza. Es decir, una persona guapa vestirá de una manera, llevará una determinada marca de gafas y, además, es probable que haga un tipo de planes. Asimismo, vemos cómo en las redes sociales se instauran cánones de guapura con lo que se nos bombardea a través de las pantallas. ¿Habrá hecho Instagram con sus nuevos filtros con labios gordos, pecas y pestañas largas que aumenten las operaciones estéticas o las visitas a centros de belleza? Todo eso vale -y genera- dinero.

Dejemos la guapura. La adjetivación de una persona como ​bonita nos mueven por otras orillas. Nos arrastra la mirada hacia un campo más moral y menos erótico (aunque no por ello menos deseable). Una persona bonita (piensa en alguien) no es deseable en tanto parecida a ningún canon de tal o cual (sub)cultura sino en tanto a su personalidad, a sus actos, es decir, en tanto a ​ella misma.​ Una persona bonita lo es porque lo bueno es ciertamente bello en algún sentido y, así, la belleza de estas personas no viene de su cuerpo sino de su alma. Una persona bonita no puede ser mala, perversa, sino todo lo contrario: a veces parecería que es una persona bonita por su incansable dedicación al bien moral. Y es que ¿hay algo que tenga más belleza que eso? Antiguamente, y ahora en el mundo audiovisual, los buenos se presentaban a través de personajes bellos y guapos y los malos como los feos.

Disney es un ejemplo paradigmático de esto donde, en las historias de príncipes y princesas, siempre la princesa -la buena- es el personaje bonito y la bruja -la mala- es la mujer fea. Esta idea se ve perfectamente plasmada en la película “​La bella y la bestia”​. Película en la que un príncipe bello que es convertido en una bestia -queda la sensación de que sus actos malvados lo han convertido en un ser horrible- y vuelve a su apariencia de príncipe bello cuando recupera su bondad, el amor incondicionado. Así, quedaba asociada la bondad con la belleza y la maldad con la fealdad.

Ya hemos hablado de lo guapo y lo bonito pero ¿y lo ​bello​? Lo bello encarna la mirada objetiva de la belleza en tanto propiedad física de las cosas. Es decir, las cosas que son bellas no lo son porque encajen en los moldes culturales (guapura) o por su relación con la bondad (lo bonito) sino porque -en tanto objetos- tienen unas propiedades que las hacen bellas. En la grecia clásica, por ejemplo, se pensaba que la belleza estribaba en la armonía entre las partes; entonces, en esta línea, las personas bellas presentarían unos rasgos ​físicos simétricos, armoniosos, que la harán bella independientemente de su comportamiento moral o de la cultura en la que se hallen. ¿Te has encontrado alguna vez con una persona de estas propiedades?

Pero, ¿podemos juzgar que algo es bello deshaciéndonos de condicionantes culturales, estereotipos de lo guapo, lo atractivo o lo ​sexy​? ¿Hay algo así como una propiedad objetiva de lo bello, como una idea al estilo platónico de la belleza? ¿Esta idea no estará empapada de criterios subjetivos? Por ejemplo, los griegos veían bello lo armónico y simétrico, ¿no es esto un criterio cultural o es algo que se presente en la naturaleza como objetivamente bello? ¿Qué crees tú? ¿Puede haber un discuso sobre la belleza o esta simplemente se percibe? ¿Qué te ha parecido esta división de la belleza en la guapura como belleza ​canónica​, lo bonito como belleza ​moral y la belleza misma como propiedad objetiva?​

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