Esta mierda me (nos) supera

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Por Ariana Pérez.

Atornillaos al suelo porque esta vez toca hablar de la “movida” de ser adolescente. Y lo vamos a hacer a través de la nueva ficción de Netflix: I Am Not Okay with This, o para el público hispanohablante, Esta mierda me supera. Una serie basada en un cómic con el mismo nombre y adaptada por Jonathan Entwistle, el creador de The End of the F***ing World. La reflexión que planteamos aquí se refiere exclusivamente a la versión de la serie.

Sid es casi una recién llegada a un pequeño pueblo de Pittsburgh. Su padre ha muerto, no soporta a su madre, empieza a sentirse atraída por su mejor amiga y, para colmo, tiene un superpoder que es incapaz de controlar. Este es el argumento sencillo, pero en Generación Go sabéis que nos gusta bucear en el interior de las historias, especialmente las que hablan de nosotros.

Sid, protagonista de Esta mierda me supera.

Todos somos frikis.

Sid puede mover cosas con la mente y hacerlas estallar con una fuerza impresionante. Lo malo es que no puede controlar su poder; aparece como una respuesta física a una situación emocional, cuando siente miedo, angustia o ira. Pensad en cómo nos ponemos cuando no encontramos el móvil en la mochila o cuando nos dan golpecitos en la puerta de un baño público, aun cuando la persona en cuestión sabe perfectamente que no hemos terminado. Pánico, ira y todo por los aires.

Es difícil aprender a gestionar nuestras emociones. Tampoco es que el mundo actual nos dé muchas oportunidades para hacerlo. La tecnología nos ha hecho relacionarnos más que nunca, pero en la mayoría de los casos de manera rápida, inconsciente y superficial. Esto hace que maduremos casi a trompicones, dándonos tortazos emocionales a fuerza de experimentar la tristeza, el reconocimiento o el rechazo.

Hablemos de esto último. En la serie, Sid intenta ocultar a toda costa sus poderes, hasta el punto de jugársela para entrar en el despacho del director o provocar la decepción de su mejor amiga. ¿Por qué? Pues por lo que todos ocultamos nuestras pequeñas y/o grandes frikadas: para intentar aparentar ser “normal”.

NORMAL. Esa palabra que parecen grabarte a fuego en algún momento que nadie recuerda, pero que más o menos sucede entre la primaria y el primer año de instituto. Cuando eres una niña puedes acompañar a tu madre a la compra vestida de Baby Yoda y a todo el mundo le parece entrañable: “Hay que dejar que los niños jueguen con su imaginación”, dicen sonriendo. Pero luego llega un día en que todas esas cosas que te hacían divertida y especial te dan infinita vergüenza, y las ocultas en lo más profundo de tu intimidad: “No te preocupes, tú actúa normal –te dices–, seguro que nadie se entera de que juegas a ser la Pantoja con el camisón de tu madre”.

Nadie es “normal”. Es una mentira que nos autoimponemos y terminamos por imponer a los demás, porque precisamente en la adolescencia comienzan a prepararnos para ser adultos funcionales. Nos recortan, nos pintan y pulen para ser personas de bien el día de mañana. Si te sientes diferente o eres “demasiado” creativo, te expones en muchas ocasiones al rechazo o la burla. Y todo esto te pasa mientras tu cuerpo va literalmente a su “bola”, con cosas que cambian, crecen o le salen pelo. Los productores han estado superacertados en el título, en efecto, digámoslo ya: ¡Esta mierda nos supera!

Lo bueno es que antes o después acaba apareciendo en nuestras vidas un Stanley Barber que nos pregunta: “¿Cuál es tu mayor secreto?, que es lo mismo que te pregunten qué te hace especial o cuál es tu superpoder.

Stanley y Sid, Esta mierda me supera.

Deberíamos lucir nuestras frikadas como medallas de guerra. Porque si las reprimimos y tratamos de encerrarlas en lo más profundo, tal vez nos pase igual que a Sid, y acabemos por hacer explotar la cabeza de alguien. ¿Qué pensáis?

Amor y amistad: el salseo inevitable.

Stanley está enamorado de Sid; Sid está enamorada de Dina, y Dina…, bueno, aún no lo sabemos. Analicemos las diferentes relaciones porque nos pueden dar lecciones importantes.

Stanley es un tipo peculiar y está muy orgulloso de ello. Bravo por él. Y cuanto más sabe de los secretos de Sid, más le gusta. Él no la ve como una chica rara, sino como una superheroína. La quiere simplemente por como es. ¿No deberíamos buscar cada uno de nosotros un Stanley? Aunque solo sea para convertirse en el mejor de nuestros amigos.

Dina (la chica guapa) sale con Brad, el capitán del equipo de fútbol. Pero su relación empieza a ir mal cuando Dina se va de fiesta con su amiga en vez de quedarse en casa con su novio. Él se presenta en la fiesta, le reprocha a Dina su actitud y se la lleva. Yo me pregunto: ¿Nuestras parejas nos pertenecen? ¿Son los celos un síntoma de amor?

A veces en nuestras relaciones somos incapaces de ver que alguien se está apropiando de nuestra libertad para ser y hacer lo que nos apetece y nos hace felices. Tener pareja no debería estar reñido con ser libre, pero ¿no pensáis que no hay mayor libertad que amar a quien nos dé la gana?

Dina, Stanley y Sid en Esta mierda me supera.

Qué decir de Sid. Es curioso que precisamente cuando ve a su amiga Dina sufriendo en su relación, todo se precipite y termine besándola. ¡Ay, madre! ¿Y ahora qué hago yo con esto? ¿Y si pierdo a mi amiga? ¿Y si se enteran en el instituto? Normalmente nosotros nos iríamos corriendo a encerrarnos en nuestra habitación hasta que llegase el apocalipsis zombi para no tener que responder a todas esas preguntas. Sid acaba cargándose un bosque entero… ¡Malditas emociones, maldito superpoder!

Podríamos cerrar el círculo de nuevo con Dina, esa chica que descubre de repente que a lo mejor lo que siempre le había gustado ya no le gusta o le gustan también otras cosas… Veremos qué pasa en la segunda temporada. ¿Dina seguirá interesada por Sid después de haberle volado la cabeza a su ex?

Mis padres: esos grandes desconocidos.

La serie empieza con Sid odiando a su madre y admirando a un padre cariñoso que se acaba de suicidar. Sin reproducir exactamente este escenario, la serie nos da para reflexionar acerca de la relación que tenemos con nuestros padres.

Lo primero que deberíamos reconocer es que a menudo somos bastante injustos con ellos. Se esfuerzan por alimentarnos, vestirnos, educarnos, divertirnos y muchas cosas más. Es verdad que a veces meten mucho la pata, pero tampoco es que lo tengan fácil para entender el jaleo que llevamos con ser adolescentes, porque en ocasiones no lo tenemos claro ni nosotros mismos. Creo que esto es lo que le pasa a Sid con su madre, la persona que se queda, la que está siempre, y con la que nos enfrentamos cuando intenta colgarnos tareas o prohibirnos hacer cosas.

Sid y su madre, Esta mierda me supera.

¿Qué hay del que se fue? Normalmente estamos demasiado ocupados intentando responder a la pregunta de por qué se fue. Y como no la encontramos, vamos creando una imagen idílica con los recuerdos más felices que tenemos. Esto es lo que le pasa a Sid con su padre, y es lo que solemos hacer cuando perdemos a alguien. Sin embargo, esta imagen idílica se acaba desmontando para Sid cuando su madre le va contando cosas de la vida de su padre que ella desconocía.

¿Lo sabemos todo acerca de nuestros padres? ¿Qué ocurre cuando vamos descubriendo cosas de ellos que no sabíamos? La movida de hacerse mayor es que descubres que tus padres no son superhéroes…, ¿o sí? ¿Y si realmente lo son?


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