Lo que nunca le preguntarías a tu madre: “Sex education”

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Por Ariana Pérez.

*Este artículo contiene spoilers. Os recomendamos aplazar su lectura hasta que hayáis visto las dos temporadas disponibles en Netflix. Además, porque el objetivo del artículo es abrir debate sobre algunas ideas que se reflejan en la serie a partir de vuestras propias opiniones.

El Instituto Mordale, situado en una pequeña ciudad del Reino Unido, es el escenario escogido para tratar uno de los temas que más debate ha generado y genera en el mundo de la educación y el desarrollo juvenil: las relaciones sexuales y afectivas.

Reconozco que antes de empezar a ver la serie, me formé la opinión de que iba a ver una comedia sencilla, sobre los “marrones” a los que nos enfrentamos en nuestras primeras experiencias. Pero Sex education, más que hablar sobre sexo, habla de afectividad, educación, autoconocimiento y, muy especialmente, sobre el complejo proceso de configuración de la identidad que tiene lugar en la adolescencia.

La serie no plantea ningún tipo de debate sobre si es conveniente o no que se imparta educación sexual en la escuela secundaria. Más bien ya parte de la evidencia de que es insuficiente y que está absolutamente desligada de las cuestiones que más preocupan a los jóvenes. En vista de que los adultos parecen incapaces de resolver este problema, dos alumnos (Meave y Otis) deciden montar un consultorio clandestino para asesorar a sus compañeros, aprovechando los conocimientos que la madre de Otis, como terapeuta sexual, transmite involuntariamente a su hijo. Esta es la primera idea rompedora de la serie: los alumnos desarrollan una respuesta propia ante la existencia de un problema o deficiencia. En este sentido, crean un espacio de autonomía en su propio centro y al margen del mundo adulto; es decir, se apropian definitivamente de la institución.

It´s my vagina! Con este grito los alumnos y las alumnas de Mordale frenan el intento del director del instituto de interferir (de manera torpe y poco sensible) en un asunto de sexting que podía afectar a la intimidad de la víctima. Así, en el episodio 5 de la primera temporada, los estudiantes deciden asumir de manera colectiva su responsabilidad ante los problemas.

A la consulta de Maeve y Otis van llegando estudiantes con problemas y dudas que les van surgiendo en sus primeras experiencias. A pesar de que la mayoría de los problemas expuestos se relacionan con prácticas sexuales, órganos genitales y otras cuestiones fisiológicas, los consejos de Otis siempre pasan por dar a sus “pacientes” confianza y seguridad en sí mismos, alentar la exploración y el autoconocimiento, expresar las emociones y los afectos con la pareja, etc. Que para lo otro, ya está Google.

¿Cómo un joven de 16 años que no ha practicado sexo puede tener un consultorio de este tipo? Si lo pensáis, las respuestas que transmite Otis parten de haber experimentado, al igual que sus compañeros, el miedo, la inseguridad, la vergüenza y los prejuicios. Esto es, su conocimiento parte de la escucha y la empatía.

Sin embargo, en la segunda temporada todo este espacio de autonomía que han creado los estudiantes empieza a quebrarse por la intención de la madre de Otis (la doctora Jean Milburn) de mejorar la educación sexual que se imparte en el instituto, montando un consultorio de iguales características. “Ok. Ya les hemos dado a los jóvenes suficiente libertad, es hora de que intervengan los adultos…”, parecen decirnos.

Aquí resulta tremendamente interesante lo que hace la serie (o sus guionistas) cuando comparan las respuestas que la doctora Jean Milburn y su hijo Otis dan a un mismo problema. Me refiero a cuando en el episodio 3 de la segunda temporada, por ejemplo, se trata el caso de una pareja en la que ella tapa la cara de su novio con una almohada cuando están practicando sexo. La doctora Milburn diagnostica un caso claro de fetichismo, mientras que Otis da con la verdadera explicación: el miedo de ella a que su novio la vea fea en ese momento.

A lo largo de la segunda temporada se le dará la vuelta a la tortilla, y será la doctora Milburn la que en otras situaciones acierte con el diagnóstico. ¿Qué nos sugiere esto? En mi opinión, la serie quiere mostrar un enfoque de complementariedad entre la perspectiva joven y la adulta, entre el conocimiento basado en la empatía y el conocimiento basado en la ciencia. Aunque esto debería trascender al ámbito de la educación sexual y plantarse en todas las esferas de la vida.

¿Están dispuestos los adultos a tomar en cuenta nuestras opiniones? ¿Están dispuestos a considerar nuestra manera de afrontar los problemas?

¿La cosa va de modelos de familias o de modelos de educación?

Vamos a centrarnos ahora en los personajes de Adam Groff y Jackson Marchetti. El primero representa al típico matón descerebrado de instituto; el segundo, al atleta estrella del equipo de natación y guapo por excelencia. A priori proceden de familias y ambientes muy diferentes. Adam viene de una familia tradicional donde se reproducen todos los estereotipos de género. Mientras que Jackson es el hijo tremendamente deseado de una familia homoparental constituida por dos mujeres.

Lo interesante es que dos familias, tan diferentes, reproducen el mismo modelo de educación severa y exigente al intentar proyectar sobre sus hijos sus propios anhelos, frustraciones y expectativas. Tanto Adam como Jackson acaban desarrollando problemas de ansiedad y autoestima con comportamientos violentos hacia otras personas y hacia sí mismos. En el caso de Adam se manifiesta especialmente por las dificultades que este modelo le plantea para desarrollar su identidad sexual; y en el caso de Jackson, por el sentimiento de “fallar” a sus madres si no sigue el futuro profesional que han escogido para él.

En oposición a esto tenemos al personaje de Eric, cuya familia acepta (después de un momento de cierta confusión e intransigencia) que su hijo es homosexual y que en ocasiones le gusta travestirse. Esto hace que Eric se convierta en un adolescente fuerte y valiente para enfrentarse al bullying que recibe de Adam Groff; un personaje que, por otra parte, demuestra la debilidad psicológica de muchos agresores y que terminará por admirar y enamorarse de Eric por su libertad y fortaleza.

¿Influye el género o la sexualidad de nuestros progenitores en las relaciones familiares y en el modelo de educación? Esta es otra de las preguntas que nos plantea Sex education.

¿Dónde queda la amistad?

No se puede cerrar este artículo sin hablar de Meave Wiley, el prototipo de persona que se ha hecho a sí misma porque no le ha quedado otra. Con una familia desastrosa y ausente, Meave parece que ha encontrado en las grandes figuras del feminismo los referentes para construir una identidad inteligente, fuerte e independiente, pero a la vez solitaria y emocionalmente distante (“es mejor no confiar mucho en las personas porque siempre te acaban decepcionando…”). Meave tiene un problema de afectividad claro, aunque aquí la serie parece decirnos que solo lo puede solucionar si consigue por fin un novio que le haga vivir todas esas emociones y que nunca le haga volver a sentirse sola. ¿Tener un grupo de amigos y amigas no cuenta nada en esto?

Si tuvierais que elegir, ¿preferiríais una vida sin amigos/as o una vida sin pareja?

Es curioso que el tema de la amistad aparezca tan poco en la serie. La relación entre Otis y Eric parece ser el único vínculo fuerte en este sentido. Es verdad que a lo largo de la segunda temporada se van consolidando amistades como la de Maeve y Aimee; o quizá el momento de sororidad cuando todas las chicas están castigadas en el episodio 7 nos traiga en futuras temporadas un mayor desarrollo en el tema de la amistad. Habrá que estar atentos.

Nos quedan en el tintero muchos otros temas y análisis de personajes como el de Lily Iglehart, Ola o Aimee. Quizá en un segundo artículo. Pero no quiero terminar sin reconocer que Sex education es una serie que ha conseguido plasmar de manera muy fiel todas las situaciones complejas y embarazosas por las que tenemos que pasar hasta desarrollar una identidad personal más o menos madura, y la importancia que tiene un tema como el de la sexualidad en este proceso. Es de reconocer, también, el compromiso de la serie a la hora de mostrar la diversidad sexual, étnica, religiosa e incluso funcional que está presente en nuestras sociedades, porque independientemente de la etiqueta que nos pongamos (o nos pongan), todas y todos sentimos la necesidad en algún momento de una educación que vaya más allá de lo fisiológico y que nos dé herramientas para vivir nuestra sexualidad de manera libre, responsable y, sobre todo, sana.

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