Cumbre Social por el Clima. Una lección de ciudadanía global

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Por Ariana Pérez.

La montaña
cobija en su vientre
guerrilleras naturales
estrategas de la guerra
de la tierra mansillada (sic).
[…]
Abre su vientre la montaña
río de rojos copihues
en negros cabellos abrazados
avalancha incontenible
en un parto milenario
de justicia y libertad.

(Rayen Kvyeh. Cascada de Flores)

En la poesía de la escritora mapuche Rayen Kvyeh los elementos naturales se personifican, las plantas son representadas como “guerrilleras naturales”, las plantas y los mapuches juntos forman un gran ejército, todos unidos en la defensa de la tierra, de la justicia y de la libertad.

El sábado 7 de diciembre pudimos ver una representación de este ejército de Rayen Kvyeh en las decenas de miles de personas que se sumaron a la Marcha por el Clima que recorrió el centro de Madrid. Una gran movilización para exigir que los líderes políticos reunidos en la COP25 aumenten la ambición de sus planes nacionales de reducción de emisiones y cierren los múltiples flecos de un Acuerdo de París que debería entrar en vigor el año que viene para mantener el aumento de temperatura del planeta por debajo de los 1,5 ºC.

Cunmbre del Clima

“La esperanza no está en la COP, está aquí, con vosotros”, con estas palabras la activista, Greta Thunberg, convertida en icono del movimiento juvenil, hacía referencia a la Cumbre Social por el Clima que está discurriendo de manera paralela a la COP25, con el objetivo de situar la justicia social en el centro de la acción climática internacional.

Los principales medios de comunicación (especialmente los españoles) insistían en la dificultad de organizar una COP25 con un mes escaso de antelación tras la renuncia del presidente chileno, Sebastián Piñera, para acogerla en su país. Este cambio de sede y de continente daba también al traste con todos los actos organizados por los movimientos sociales e indígenas chilenos para articular un discurso alternativo que no tenía cabida en la cumbre organizada por las Naciones Unidas. Y lo más importante, el centro de decisión de las grandes cuestiones medioambientales volvía a Europa, restando visibilidad al denominado “Sur global” representado por aquellos países más vulnerables al cambio climático (América Latina, África, Sureste Asiático).

En apenas tres semanas, las organizaciones y movimientos sociales, comprometidos con la justicia climática a uno y otro lado del Atlántico, reunieron todos los recursos y capacidades humanas que estaban a su alcance para trasladar esa Cumbre Social a Madrid. Este hecho da cuenta de la fortaleza del tejido asociativo de movimientos juveniles como Fridays for Future, que están siendo capaces de articular una conciencia y acción climática global que no deje a nadie atrás, como explica Rubén Gutiérrez, miembro de Fridays for Future Madrid en declaraciones para El País: “Lo primero que hicimos fue ponernos en contacto con las organizaciones que iban a preparar la cumbre en Chile para ver cómo podíamos traer la voz de esos movimientos aquí”.

En las 300 actividades que se van a suceder a lo largo de toda la semana de Cumbre Social estarán muy presentes los pueblos originarios de Chile y del resto de América Latina en talleres sobre saberes tradicionales, oraciones interreligiosas por el clima o mingas (reuniones) indígenas, entre otras. Pero también se va a hablar, y mucho, sobre ecofeminismo, justicia intergeneracional, derechos humanos, migración, etc. Tal y como se puede leer en el llamamiento de la cumbre: “Promovemos la justicia climática como un movimiento de movimientos en el que quepan muchos mundos diversos”.

El mensaje que se desea enviar es muy claro, las medidas que con carácter de urgencia deben articularse para frenar el cambio climático, han de implicar una transición justa. En primer lugar, entre países, desarrollando mecanismos de compensación que permitan a los países en vías de desarrollo evolucionar hacia modelos de producción sostenibles, sin que esto suponga un freno para su desarrollo. Pero esta transición justa también ha de plantearse hacia el interior de los propios países, con políticas sociales y laborales que incluyan en el cambio a los sectores más vulnerables de la población. Es obvio, por ejemplo, que debemos sustituir la industria del carbón por fuentes de producción de energías renovables, pero esta reconversión debe ofrecer alternativas a las comunidades que tenían en esta actividad económica su principal fuente de sustento.

La ciudadanía organizada a nivel global espera de sus líderes políticos que estén a la altura de las circunstancias. Es una oportunidad histórica. ¡Es tiempo de actuar!



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