Protagonistas y espectadores

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Por Ariana Pérez.

Un retrato de la juventud española desde sus discursos.

Cuando abrimos un libro o leemos cualquier artículo que trata de explicar cómo somos los jóvenes, sucede que podemos identificarnos, ciertamente, con muchas de las cosas que se dicen; mientras que con otras se nos pone cara de meme en plan «what the fuck…».

Al fin y al cabo, cualquier investigación por muy rigurosa que sea, no deja de ser una simplificación de la diversidad que está presente en el colectivo juvenil y de la complejidad de las situaciones que atraviesan nuestras vidas. Aunque esto mismo nos suceda al leer Protagonistas y espectadores. Los discursos de los jóvenes españoles, (una investigación publicada recientemente por la Fundación SM y Fad) merece la pena contrastar algunas de las ideas que están presentes y ver en qué medida nos representa este retrato.

Pero… ¿En qué mundo vivimos?

Si hay una palabra que define el mundo que nos «ha tocado vivir» es: incertidumbre. Tal y como se presenta el escenario económico global y, en particular, el mercado laboral y de la vivienda en España; estaríamos revisando nuestras expectativas de emancipación y promoción social a la baja. Creo que la mayoría de nosotros nos reconocemos en este escenario. Pensar en independizarse antes de los 27 años equivale casi a creer en unicornios, quizás por eso se han puesto tan de moda.

Ante este contexto, los discursos de los jóvenes recogidos en la investigación apuntan a dos tipos de reacciones:

La primera tiene que ver con el desapego, nos sentimos incapaces de establecer vínculos excesivamente fuertes con las cosas y los proyectos (el 4ever ha muerto), también con las personas. El miedo al compromiso se entiende en el informe como un signo generacional, y es que en lo que respecta a las relaciones de pareja, ya no estaríamos dispuestos y dispuestas a aguantar como lo hacían nuestras abnegadas abuelas. ¿Somos más egoístas e individualistas o, especialmente en el caso de las mujeres, estamos más empoderadas? Esto da para un buen debate.

La segunda nos convertiría en una generación caracterizada por experimentar mayores dosis de empatía y solidaridad con lo cercano (lo que nos afecta y lo que nos es propio). Respetar y aceptar al otro, especialmente en lo que respecta a la diversidad sexual y cultural, es un valor que esperamos encontrar en las personas que nos rodean, especialmente en nuestros amigos y amigas. Pero cuando ampliamos el campo y nos vamos a la esfera de lo social, activaríamos lo que podemos denominar como el «síndrome del postureo». Los jóvenes que participaron en el estudio dicen que la solidaridad ha de implicar esfuerzo, sacrificio y renuncia, y si ello no ocurre se pone bajo sospecha la buena voluntad de esta. Ya no sería solidaridad, si no un ejercicio de egoísmo que pretende aliviar conciencias y mejorar la imagen social. Como ejemplo, el chaparrón que le cayó a Dulceida en Instagram por subir la foto con tres niños de un poblado africano tras haber hecho el esfuerzo ingente de regalarles «sus gafas y sonrisas»

¡Yo no hago guasa, hago WhatsApp!

Como en toda investigación sobre jóvenes, la relación que mantenemos con la tecnología ocupa un capítulo importante. Aunque para nosotros no constituye una preocupación central (hablar de tecnología te convierte en viejo de repente), sí lo es para el mundo adulto y es desde luego, un tema que suele despertar debate.

Vivimos en tiempos de hiper, explica el informe: hiperconsumismo, hiperconexión (estar conectado constantemente, en tiempo real) e hiperrelación (importancia de tener muchas relaciones sociales, de muy diversas características, tanto online como offline). Este ecosistema, según se recoge en los discursos de los jóvenes que participaron en el estudio, habría hecho que modificásemos algunos valores como la libertad y la intimidad. Y es que ¿para qué tener redes sociales si no quieres mostrarte en ellas? O, ¿me vais a decir que jamás habéis stalkeado a nadie a través de las redes?

El tema está en que nosotros y nosotras decidimos cómo y hasta qué punto queremos mostrarnos. Esta es la nueva dimensión que adquiere el valor de la libertad, en donde la frontera de la intimidad será flexible y moldeable, y se gestiona de igual manera que se gestiona el yo en su conjunto; de la manera que se considera más adecuada para aprovechar todas las ventajas de la red en cuestión (Instagram, Twitter, Telegram, etc.). Esto es tan importante para nosotros que cualquier acción que busque recortar o intervenir sobre esta libertad para gestionar nuestros perfiles, se percibe como un ataque directo hacia nuestra identidad y las formas que tenemos de expresarla. Es como si nuestros padres nos eligieran la ropa que podemos vestir o nos configurasen las listas de Spotify que debemos escuchar.

Obviamente esto tiene sus riesgos. Lo que subimos a las redes también puede ser utilizado con fines de intimidación, extorsión, acoso o abuso, en los casos más graves. Esto sí que debería darnos para reflexionar acerca de lo que compartimos en internet. Una vez una amiga me dijo: «si subes algo que tu jefa/profesora/padre no debería ver, quizás es que no deberías hacerlo». Puede parecer algo exagerado, pero a mi me ayuda a ser más crítica y reflexiva con respecto a los contenidos que voy a publicar en mis redes

A los locos nos verán bailando.

¿Cómo nos estamos moviendo en este escenario de crisis e incertidumbre? Pues según lo que se señala en el informe, nos habríamos instalado en un «presentismo obligatorio». Por explicar el palabro: nos estarían obligando a procrastinar las decisiones de un futuro a largo plazo para priorizar el día a día y la diversión, como forma de no «amargarse» ante la imposibilidad de mirar más allá, pues el contexto no lo permite.  Como canta Mikel Izal «mientras la gente cuerda grita, llora, sufre y niega, a los locos millennials nos verán bailando». Aun así, el informe insiste en que «este presentismo no debe interpretarse con el desprecio del futuro, la renuncia a generar proyectos vitales, o la dimisión respecto a las responsabilidades presentes». Es decir, somos unos disfrutones, pero esto no quiere decir que seamos unos inconscientes. A los jóvenes nos importa el futuro, nos importa mucho, pero entendemos que la única manera de construirlo pasa por ir superando etapas, actuar en la esfera de lo posible y buscar un equilibrio entre pensar (poco) en el futuro y vivir (adecuadamente el presente).

Banderas que unen.

Los jóvenes somos diversos, pensamos, actuamos y sentimos de manera diferente, pero en el informe Protagonistas y espectadores se señala que existen tres grandes acuerdos generacionales, tres banderas con las que nos identificamos y nos sentimos orgullosos en el plano colectivo: el feminismo (con valores asociados a la igualdad, el respeto y la tolerancia asociados al género); el ecologismo (como respuesta inevitable a circunstancias preocupantes como el cambio climático); y la defensa de la diversidad sexual (desde la asunción de la total libertad de las personas para vivir su opción sexual).
Las tres se sitúan como aspiraciones irrenunciables, como conquistas necesarias y como rasgos definitorios de las sociedades en la que queremos vivir. Pero, además, como conquistas sociales en las cuales los jóvenes hemos tenido un papel protagonista, básicamente parece que nos hemos volteado hacia las generaciones anteriores y les hemos dicho: «Esto vamo a arrancarlo con altura».

Protagonistas y espectadores.

Es posible que muchos y muchas sigáis con cara de meme, pero a mi modo de ver Protagonistas y espectadores. Los discursos de los jóvenes españoles, ofrece un retrato sincero y riguroso de lo que supone ser joven en España, de las cosas que configuran el mundo en el que nos ha tocado vivir (desregulación laboral, perdida de derechos, sociedades individualistas e hiperconsumistas, etc.) y ante las que nos hemos situado como meros espectadores, pero también de aquellas otras cosas sobre las que estamos interviniendo en clave de protagonistas (contexto tecnológico, nuevas banderas, etc.).
Una investigación que huye del estereotipo y de los juicios de valor acerca de cómo deberían ser lo jóvenes, presentando (con sus limitaciones) lo que nosotros y nosotras mismas decimos que somos.

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Episodio 1

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